Hace un tiempo recibo un taller sobre la
felicidad, desde este tiempo me he
puesto a pensar si todos los métodos, trucos, ritos, o ejercicios que nos dan
para entender que nuestra vida no es tan mala, valen al fin, si la realidad
puede ser engañada, y solo ser apreciada en lo que nos conviene, en lo que nos
hace priorizar, solo lo que nos da dicha, o quien sabe: solo olvido…
Siento que he reído mil veces mucho más de
lo que he llorado, pero siento que cada lagrima dejo huellas en mí, que no he
podido borrar, una, mi padre, como olvidarlo, gano mucho (tranquilidad al
menos), bloqueándolo, pero no lo elimino
o lo pongo a un lado para avanzar…
Mi hijo lleno mil espacios vacíos, entre la
responsabilidad y la tonta idea de pensar que mi padre pudiera reencarnar en él,
o una mejor versión mía, y así se pasan
los días, y sé que tengo que aprender cosas nuevas, o reencontrar viejos
caminos, que en algún momento me ayudaron a aligerar mi paso; se que mi nueva
familia enriquece mi vida, ahora se que ya no estoy solo, y la mano que sujeto, en el fondo me
sujeta a mí, y doy gracias por eso…lo
vale todo.
…

